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miércoles, 5 de julio de 2017

Nuevamente miércoles y, a pesar de los calores y de las fugas veraniegas, volvimos a reunirnos un número representativo y adecuado de gastrogórdicos para nuestro evento semanal. Si bien fue difícil reunir al grupo casi que resultó más complicado reservar en el restaurante Mechela. Hemos de confesar que llevábamos un tiempo queriendo concretar esta salida. Sin embargo, cuando no se trataba del número de comensales (para más de ocho solo tienen disponible el menú) era imposible concretar la reserva que, por cierto, solo puede hacerse por correo, aunque acepten emails sin el correspondiente matasellos. Al parecer esta estrategia les va bien porque el local se les llena. Sin embargo permítanme una idea por si quieren tomarla: debiesen cambiar la dirección del local a la aledaña, y hoy desaparecida, calle Magdalena cuyo trazado quedó embebido hace ya casi una centuria en la calle S.Pablo, con esto despistarían aún más a sus clientes (elpasadodesevilla.blogspot.com) aunque entiendo perderían algunos correos. Una vez alcanzada la fachada del local, que no puede competir con la del convento de la merced que hasta 1943 se encontraba igualmente en la calle Bailén hasta su traslado a la muy cercana plaza del museo, pensamos que ya teníamos el trabajo hecho y nos podríamos dedicar a la cena y la charla.
Un vistazo al local.
Recibe al peregrino un local pequeño aunque acogedor, pintado en tonos cálidos y apenas unas cuantas mesas altas y bajas que nuestra reunión, que no superaba los ocho comensales, casi llenó. La decoración, de fotos extrañas y cuadros a medio terminar, no desvía tu atención del fin para el que has llegado a sus puertas, la comida. Hace ya años que se escucha el ronroneo de que una estrella michelín, macarrón en el argot gastronómico, está por caer aunque ésta aún no ha aparecido. Cuando logramos captar la atención de la camarera, lo que se convirtió en una tarea más de la cena a partir de este momento, ordenamos la siguiente lista de deseos:
La carta.
Tartar de salmón con tzatziki, pepino y manzana. En otras entradas del blog ya hemos referenciado la famosa salsa griega que, en esta ocasión no termina de estar conseguida o, mejor dicho, integrada en el plato. El contraste entre el pepino y la manzana resulta interesante si bien el primero podría administrarse en menos cantidad si lo vas a aunar al tzatziki. El salmón no presenta trazas de ahumado, lo que el plato agradece, aunque su sabor queda diluido en los acompañamientos. Si bien resaltar que se encuentra entre los platos más recomendados por otros blogs a nuestro entender puedes arriesgar con otra referencia. Se trata de una elección agradable aunque lo puedes encontrar en otros restaurantes con similar experiencia.
Tartar de salmón con tzatziki, pepino y manzana.
Tajín de rabo de toro sobre cuscús y garbanzos. Y es que mi amigo Raúl es un cachondo. Ya que retornábamos de Marruecos consideró divertido incluirlo en la comanda y, mira por donde, acertó de pleno. Sin dudarlo se trató del mejor plato de la noche. El sabor especial y fuerte del rabo de toro parecía que no fuera a casar con el cuscús y sus verduras. Sin embargo la carne, un punto más deshilachada que en su consumo habitual, se entremezcla con los sabores de las verduras dando un excelente resultado. El plato justifica por sí mismo la visita a Mechela.
Tajín de rabo de toro sobre cuscús y garbanzos
Gambón crujiente con ajoblanco de anacardos y huevas de arenque. Se trata de otro de los platos más laureados en la web y en este caso sí que es un acierto al que no debes renunciar. El toque dulce del anacardo consigue refrenar los sabores que normalmente las huevas de arenque, de toque particular, suelen llevar al fondo de tu boca. Un plato equilibrado y rico aunque algo más gambón y menos ajoblanco mejorarían considerablemente el mismo.
Gambón crujiente con ajoblanco de anacardos y huevas de arenque.
Lomo de ciervo y patatas panaderas. Como dije antes Iván y yo llevábamos un año tratando de reservar en el local. Se ve que nos era desconocido que no tienen en carta las patatas bravas. En su defecto pedimos un rico lomo de ciervo con acompañamiento. Carne de sabor contrastado y convenientemente tratado se trataba de una apuesta segura que no defraudó.
Lomo de ciervo con patatas panaderas.
Pulpo asado con vichyssoise y crouton. Desde que María persiste con su dieta, la cual ha hecho estragos con sus antiguas reservas, no hay manera de evitar el pulpo en la carta. Si bien he de confesar que, aunque yo conserve mis reservas, siempre agradezco la presencia del cefalópodo en la comanda. La salsa, servida convenientemente fría y en su punto adecuado en el uso del puerro, acompaña de forma excelente a un pulpo especialmente blando al paladar. El crouton, picatostes al fin y al cabo, así como el cebollino espolvoreado en la salsa, son solo un acompañamiento para el pulpo. Plato interesante aunque no de estrella michelín.
Pulpo asado con vichyssoise y crouton.
Cazuela de pescado (fuera de carta). Se trata de una zarzuela pescado con almejas, chocos y un pescado de peculiar sabor, similar al besugo, que se transmite a la salsa. Retomamos nuestra sana costumbre de las batallas navales. Un plato adecuado para compartir con los calores estivales.
Cazuela de pescado.
Llegada la hora de los postres no nos supimos resistir aún a pesar de las restricciones alimentarias de unos y otros. Ya se sabe, este año hacemos dos dietas, que con una nos quedamos con hambre. Como casi siempre agotamos la lista del local.

Tarta de chocolate. Delicado sabor del chocolate que la hace apta para todos los gustos si bien nos resultó más parecido a un coulan que a una tarta propiamente dicha.
Tarta de chocolate.
Tarta de zanahoria. Se trata de otro de los clásicos de moda y no puede faltar en la carta. Si bien, salvo por el impacto en la menguada capacidad de elección, no echarías de menos su ausencia si se eliminase de la misma.
Tarta de zanahoria.
Tarta de queso con manzana. Sin dudarlo el mejor postre de la carta que compartimos aviesamente. Si bien no justifica una visita por sí mismo, ya que has superado todos los límites que en Mechela te imponen, no dejes de endulzarte la sesión gastrogórdica. 
Tarta de queso y manzana.
Tal y como si el famoso loco de la calle Bailén siguiese lanzando dinero desde su balcón a los transeúntes, fuera del local nos mirábamos extrañados. Nadie se atrevía a verbalizar aquello de "mucho ruido para tan pocas nueces". Si bien la calidad de los platos es indiscutible, más aún por lo ajustado de la cuenta en comparación con otros locales del ramo, esperábamos que la peregrinación nos descubriese algún plato realmente rompedor y especial. Una pena que las sensaciones que buscábamos tan solo se intuyan en los regustos de algún plato o en su primorosa presentación . Si bien dudamos que el famoso macarrón recaiga en el local no descartamos volver a Mechela aunque, me temo, eso ya será el año que viene o el siguiente.
Restaurante Mechela
c/Bailén, nº34

lunes, 13 de febrero de 2017

La Bernarda, Sevilla.

En nuestra particular estación de penitencia gastrogórdica nos dirigimos al barrio de San Bernardo en donde el miércoles es día grande en semana santa. Influenciados por el carácter del barrio, sede de la Real Fábrica de Artillería o bien por los sucesos de la quema de las imágenes de la hermandad de San Bernardo en julio del 36, el carácter de todos estaba bastante agriado. El trabajo, el estrés y las prisas habían hecho mella en nosotros en el día de nuestra reunión semanal. Sin embargo, al sentarte a la mesa en La Bernarda y observarla detenidamente, se nota inmediatamente la mano de la empresa Decoración Vintage que con proyectos similares en su predominancia de vegetación (Lobo López es otro ejemplo) consigue tranquilizar los ánimos y que la charla se haga más amena y distendida. Si bien en opinión de Pi se trató más bien del vino que, por qué negarlo, también haría sus efectos. El local abierto, antigua sede de un almacén de productos provenientes de América, conserva en gran parte su antigua fisonomía, techos altos, amplia luz en sus crujías y ciertas reminiscencias a un entorno industrial.

El flujo desordenado de camareros, uno para la bebida, otro para la comida, con cambios de papel de por medias hasta llegar a confundirte, nos sorprendió, de modo que La Bernarda se dice adscrito al movimiento slow food. Esta tendencia, en contrapunto a lo que conocemos como restaurantes de comida rápida, aboga por disfrutar de la comida de manera sosegada, saboreada lentamente, compartida y en compañía. Este anzuelo nos atrapó pues, a qué negarlo, las cenas gastrogórdicas de los miércoles ya se han convertido en un evento especial. Si bien destacar que no se dieron prisa en servirnos la comanda entiendo que esta era una decisión premeditada, ya que el camarero nos preguntaba antes de ordenar a cocina cada uno de los platos.
Carta va...
El joven chef Cristóbal García, cegado por el fulgor de una estrella, Michelin en este caso, consecuencia de su paso por el restaurante de Paco Morales en Valencia, nos tenía preparados los siguientes platos:

Bravas la Bernarda. Resulta que no es Iván sino Raúl quien siempre trae este sabor ya familiar en los miércoles a nuestra mesa. Digo familiar porque no sorprendieron en nada. En opinión de varios un plato de patatas con salsa y poco más.
Bravas la Bernarda.
Presa de bellota a la mostaza con risotto de trigo tierno. Este plato nos sacó de una duda existencial a varios de los comensales. Todos conocemos el jamón de bellota, sin embargo nos planteábamos que hacían con el resto del cerdo. Al menos en La Bernarda saben hacerse publicidad y lo explicitan en el nombre del plato aunque lo puedes sospechar rápidamente al dar el primer bocado. De sabor fragante, impactante en boca consigue un perfecto maridaje con el rico risotto de acompañamiento.
Presa de bellota a la mostaza con risotto de trigo tierno.
Ensaladilla de gambas ligera y cebollino. Con sabor interesante por el toque de cebollino y con gambas frescas de gran calidad se encontró entre los platos más ricos de la cena.
Ensaladilla de gambas ligera y cebollino.
Croquetas con salsa tártara. Este plato generó cierta polémica y lo resumimos como sigue: si te gustan las croquetas de boletus del Mercadona, te gustarán las de La Bernarda. El toque de salsa tártara potencia el sabor del boletus aunque sin llevarte a nuevas experiencias.
Croquetas con salsa tártara.
Pulpo a la parrilla con patatas machacadas y pimentón. Una pena que las patatas llegaran, al menos al gol sur, ligeramente frías. Desmerecieron el muy agradable sabor del pulpo que me recordó mi paso por Grecia donde este plato es un manjar. Ligeramente ahumado algunos trozos quedaban algo duros. A pesar de todo, se trata de un plato al que debes dar una oportunidad en tu comanda.
Pulpo a la parrilla con patatas machacadas y pimentón.
Bacalao en tomate La Bernarda. Otro plato polémico a nuestro lado del muro. Servido crudo en primera instancia provocó nuestra queja que fue sorprendentemente correspondida con un calentón en el microondas (slow food?) y vuelta a la mesa en el estado en que se fue, esto es ya troceado. Ante la nueva protesta sirvieron un nuevo plato esta vez cocinado con los tiempos necesarios. Y hay que reconocer que esta vez acertaron de lleno. Bacalao fresco con una salsa de tomate muy sabrosa. El mejor plato de la noche.
Bacalao en tomate La Bernarda.
Meloso de ternera glaseado, trinxat de patata. Con un sorprendente primer bocado, al repetir puedes notar como el sabor de la ternera se diluye en el glaseado. Queda demasiado atenuado, incluso soso, y en la boca solo sientes la patata. Este plato no conquistó o bien teníamos demasiadas esperanzas puestas en el mismo.
Meloso de ternera glaseado, trinxat de patata.
Llegados a este punto en la noche no pudimos evitar caer en los postres. Compartiendo, a modo de en una mesa china, los distintos platos dulces aunque ya adelanto que solo deben caer los muy muy golosos. Realmente ninguno merece una vista por sí mismo a La Bernarda. Los seleccionados fueron:

Dame Blanche. Copa de helado con chocolate proporciona lo que promete, ni una experiencia de más.
Dame Blanche.
Flotan de cauchina en natillas de cardamomo y roca de miel quemada. Apuesta arriesgada en unas natillas. Y ese el problema de las apuestas, a veces pierdes. La mezcla del cardamomo con la miel resulta incongruente en boca. Por otro lado, sin presentación para compartir en grupo.
Flotan de cauchina en natillas de cardamomo y roca de miel quemada.
Cuajada de rosas con migas de turrón de sésamo e hibisco. El sabor de la salsa de rosas mata el resto de sensaciones del postre. Sin embargo, alguien no confeso, rebañó lo que delata que le gustó especialmente.
Cuajada de rosas con migas de turrón de sésamo e hibisco.
Tarta de zanahoria. Un valor seguro que cumple nuevamente con lo que esperas. Sin embargo no se acerca ni de lejos con otras que hemos probado en nuestras jornadas de los miércoles.
Tarta de zanahoria.
Entiendo que influenciados por el barrio de San Bernardo y su historia ,ya en la calle, compartimos entre risas la experiencia de la cena y las charlas mantenidas. Al fin y al cabo de la Real Fábrica de artillería no solo salieron cañones. Sus hornos vieron nacer grandes obras como el giraldillo (1568) o los famosos leones del congreso de los diputados en Madrid. Desgraciadamente no tenemos constancia de que los hornos de La Bernarda hayan aportado igualmente a la historia del barrio.
Restaurante La Bernarda
Calle Juan de Mata Carriazo S/N

lunes, 30 de enero de 2017

Restaurante Lobo López. Sevilla

A pesar del frío los gatrogórdicos volvimos a reunirnos para nuestro evento foodie de los miércoles noche. En esta ocasión nos dirigíamos al restaurante Lobo López por lo que no éramos pocos los que no nos podíamos quitar de la mente aquellos versos de la canción de Kiko Veneno ("Un día el lobo lopez /Se encontró a su amada/ hace cuánto tiempo y me alegro tanto.."). Caso extraño, ya que si los muros de la calle Rosario susurraran versos, estos no podrían ser más que coplas gitanas. Al fin y al cabo es en esta calle donde, allá por 1881, Silverio Franconetti, considerado el cantaor más importante de todos los tiempos, inauguró su propio Café Cantante en donde logró que el arte flamenco adquiriese entidad de género musical.

Un vistazo a nuestros alrededores.
Lobo López está dividido en tres ambientes bien diferenciados: En primer lugar una crujía de acceso con elegantes techos de madera. Posteriormente un salón intermedio y al fondo lo que consideramos el corazón del lugar y espacio más acertado de todo el local. Al reservar no olvides pedir mesa en el patio. En este espacio aún puede adivinarse el viejo claustro del que fue convento de las monjas carmelitas datado en el siglo XVI . En el mismo, los arcos de ladrillo visto se integran perfectamente con abundancia de verdes. Ya en el patio tu mirada no puede evitar dirigirse a un extraño mural que Merche y yo mismo quisimos confundir con una representación de Bob Marley y otros con la icónica imagen del Che. Y es que está claro que esa noche los muros hablaban, el rostro de una mujer anónima parece salir de la pared cuando realmente está cincelado en ella. El autor, Alexandre Farto (Vhils), es hijo del grafitti callejero y su obra se expone en los muros de medio mundo, Lisboa, Shanghái, Buenos Aires, Nueva York, Los Ángeles y ahora Sevilla. Alegoría del proceso que está cambiando la cara de nuestra ciudad donde un Starbucks sustituye al Horno Buenaventura. Si bien en Lobo López queda espacio para artistas locales como el grafitero Kato autor de un bonito mural selvático. La referencia a la decoración no es baladí. Como digo esta noche los muros nos hablaban, en este caso de la filosofía de Vhils: "construir destruyendo". Mientras la CNN planea grabar un documental sobre la vida del rascador de muros o U2 le invita a grabar un vídeo para su último disco, en Sevilla solo hablamos del muro de Trump sin plantearnos seriamente los cambios en nuestra ciudad.
Mural junto al que nos sentamos.
Os dejo un link para los interesados en la obra del autor: http://vhils.com/

A todo esto, entre risas y comentarios sobre el local y la actualidad, los platos comenzaron a salir de la cocina abierta en donde puedes ver cómo se elabora tu pedido.
Un vistazo a la carta.
Ensaladilla de pollo curry y mango. La fruta tropical da un toque dulce al plato si bien el mismo no es excesivo al combinarse con el ligero picante del curry. Esta combinación, muy extendida en platos del sudeste asiático, se está haciendo habitual en la oferta de restauración de nuestra ciudad. Esto no implica que no se trate de un plato muy interesante que gustó mucho a todos.
Ensaladilla de pollo, curry y mango.
Papas Bravas. Iván nos acompañó esta noche y sabéis como va esto de otras entradas . Ración abundante en cantidad y picante. La salsa característica es sustituida por una pasta no apta para paladares sensibles. Sobrar, sobrar, no sobra cuando los ilustres gastrogórdicos nos sentamos a la mesa si bien indicar que aunque fue un plato que nos sirvieron entre los primeros se mantuvo en nuestra mesa hasta el final. En opinión de muchos, un plato del que puedes prescindir.
Papas bravas.
Alitas de pollo salteadas al wok con glaseado de rocoto. Aunque María, nuestra experta en alitas si no está Eva a la mesa, haya tratado de influenciar en esta crítica quisiera decirle que no merece la pena gastar saliva. No son uno de mis platos favoritos pero las de Lobo López son las mejores que he probado en mi vida. Justo toque de salsa, ni demasiado para matar el sabor ni tan poco que no proporcione aderezo. Un plato que debe estar en tu comanda.
Alitas de pollo salteadas al wok con glaseado de rocoto.
Verdura en tempura con mayo de soja. En opinión de varios de los comensales las verduras estaban mal seleccionadas. Berenjenas y brócolis se presentan en un rebozado de tempura que logra, al alimón con la soja, ocultar en parte el sabor del brócoli. Realmente una manera divertida y diferente de tomar verduras. Pensamos que otras verduras podrían añadirse al plato proporcionando una mayor variedad de sabores al mismo. Por no desentonar con el colorido patio debes poner algo de verde en tu comida.
Verdura en tempura con mayo de soja.
Hot Lobster. En opinión del que escribe el mejor plato de la noche y eso que las alitas eran una maravilla, María. El caso es que uno es así, un poco cateto en el fondo, y este plato, que recuerda al denostado fast food, me sorprendió. El lobster roll, patrimonio gastronómico de Nueva Inglaterra desde 1929, aun servido templado tiene mucho de comida veraniega e invita a disfrutarse con cerveza y no sobre manteles de tela. El plato pone de manifiesto lo extraño que es este mundo de los sabores. Sin ser un ejercicio de creatividad ni mezclar sabores contrapuestos en la boca, la unión de mayonesa, pimienta, mantequilla, sal, pan y, por supuesto langosta se me hizo elegante, sabrosa y fresca.

Hot Lobster.
Wok Chifa. Un nuevo plato en la mesa y otra experiencia de sabores. Condensación de sabores asiáticos trajo a nuestra mente, especialmente a Pi, aquellos platos degustados en las calles de Phnom Penh (Camboya). De sabores sobrios, con cierto toque campesino, no nos arrepentimos de haberlo invitado a nuestra mesa esa noche.
Wok Chifa.
Pollo Satay balinés con espuma de coco. Esta brocheta de pollo es uno de los entrantes preferidos en la cocina indonesa. Si bien la receta original es más picante, el plato que nos ofrece Lobo López ha occidentalizado los sabores sin desmerecerlos. La salsa con base de cacahuetes, ojo alérgicos, y leche de coco es empleada recurrentemente en el marinado de carnes y pescados que luego se asarán sobre brasas. Al pasar por el fuego se forma una corteza dorada realmente sabrosa. Mojando el bocado en la espuma de coco, aunque Marga lo descubriese tarde, este mejora enormemente y convierten lo que solo es un entrante en toda una experiencia de sabores.

Como el servicio fue fluido, agradable y eficiente hoy no había riesgo de quedarnos sin postres. Otro punto a favor del local en boca de Jesús. Finalmente estos fueron los seleccionados.

Tarta de queso. Sobria, consistente, con marcado sabor no adulterado. Perfecta evasión para los no muy chocolateros pero que sabemos disfrutar del dulce.
Tarta de queso.
Buñuelos de tiramisú. De apariencia similar a un tiramisú deconstruido se presenta en el plato acompañado de una bola de helado de vainilla. Sin embargo, el tiramisú me temo que no es casero, y eso reporta en el sabor. Plato bonito, interesante en sabores, pero que posiblemente no merecía la inversión en calorías. Menos mal que los gastrogórdicos compartimos cada plato.
Buñuelos de tiramisú.
Tarta de zanahoria. Este plato sí que conservaba sabores caseros, interesantes que no desentonan con otras versiones de este postre que puedas encontrar en nuestra ciudad.
Tarta de zanahoria.
Tarta quebrada de chocolate, galletas y avellana. Esta es la bomba de chocolate de la carta y algunos de los comensales no iban a renunciar a la misma. Contundente, pesado, sabroso, calorífico. Perfecto complemento para enfrentarse nuevamente a la fría noche exterior.
Tarta quebrada de chocolate, galletas y avellana.
En resumen, en el relativamente nuevo local del grupo "La vida en tapas "(Octubre 2016) se respiran bocanadas de lo que en sus comienzos fue Dúo tapas, antes del declive que muchos vemos ya en él, también perteneciente al grupo. Si a esto le añades la decoración del local, cuidado hasta en su menor detalle, y la oferta cultural no miento si os digo que estuvimos tentados de probar la interesante oferta de cócteles solo por prolongar la estancia un rato más. Sin embargo era noche del miércoles y por entonces no podía quitarme otros versos de la cabeza, en este caso de Manuel Cuesta: " Y me aprietas y te abrazas/ olvidándote de todo /y te asustas cuando te adentras / en la boca del lobo". Miedo al frío de la calle, a los muros mexicanos, a la rutina del trabajo, a no saber si volveremos a adentrarnos en la boca del lobo.
Restaurante Lobo López
C/ Calle Rosario, 15.